domingo, 7 de febrero de 2010

Cada paso es un paso hacia adelante: Finisher UTMB 2009


Hay que levantarse siempre, cada día, en cada caída, no importan los obstáculos. Esto no es una retórica…es simple y llanamente actitud ante la vida. Tener esa concepción ante la vida es indispensable en nuestro quehacer diario.


Todo requiere de enfoque, pero recuerda, será válido si tienes una meta que alcanzar, entonces y sólo entonces no habrá interferencias que se interpongan entre uno mismo y la meta. Esos momentos de tropiezos son sólo retos que hay que enfrentarlos, y por si no lo saben o no se han querido dar cuenta todavía, desde que uno nace esos momentos se multiplican de forma alarmantes para unos y de forma normal para otros; todo depende del significado que uno le dé a sus circunstancias.


Todo reto es una oportunidad de aprendizaje y cambio y en el fondo lo que hay es un problema de actitud ante la vida. La vida es muy bella pero sólo si la encaras con la actitud de triunfar y de dejar una huella en tu paso, sino es una tortura y te pasarás la vida con lamentos, quejas y buscando culpar a terceras personas, y eso no es vida, es un calvario.


Recuerda que “La diferencia entre quién eres y quién quieres ser, se encuentra en lo que haces” y eso es una expresión de actitud.


Indagando por internet, buscando información relacionada con mi carrera profesional, me he topado con la reflexion anterior. Los párrafos anteriores no fueron escritos por mi, sino por Francisco Rodríguez, no el pelotero (El Kid), mas bien un empresario, presidente de una compañía llamada Action Learning Group, empresa donde he ido a presentar algunos exámenes de certificación, que no tiene nada que ver con algún deporte. Sin embargo su razonamiento encaja perfectamente en lo que quisiera quedara de aprendizaje después de escribir tantas hojas narrando mi proyecto deportivo, ahora de escritura, cuando participe en el Ultra Trail du Mont Blanc 2009.


Al dejar Trient (Km. 138) me invadió el frió nuevamente, de madrugada, era lo menos que podía esperar. Comencé a subir por una calle, en algún momento se volvió angosta, recuerdo haber pasado por encima una cadena y adentrarme en un sendero y siempre subiendo con el frontal como única luz. Era un camino en donde podías ver hacia abajo y a la izquierda, imposible no ver una cantidad considerable de luces pertenecientes a casas y calles en el pueblo. Aunque extrañamente había bastante vegetación alrededor del camino, quiza muchos pinos, poco tupidos, recién golpeados por el invierno pasado. Algunas de aquellas luces era el avituallamiento que dejaba hacia pocos minutos aunque sin poder determinar cual de ellas era y en donde o especulando con su ubicación. Mientras subía y cuando el camino formaba un angulo paralelo con estas luces, veía estas en el pueblo, me parecía ver una gigantesca casa, en la oscuridad, abajo, con un gran numero de ventanas, una mansión, de esas gigantes, ¿coño que será eso?, ¿un refugio?, ¿todas las habitaciones con las luces encendidas?, que raro. No sabía que hubiera casas tan grandes en estos lugares remotos de los alpes suizos. Y me crei lo de la casa gigante de gran cantidad de ventanas y además estas encendidas a plena madrugada quien sabe por que razón. Otra jugada mas de mi mente, porque aunque Trient es un bonito pueblo, no creo sea un lugar mágico donde aparecen y desaparecen cosas, la realidad es que uno las imagina, realmente no existen sino cuando se esta muy cansado física y mentalmente y sin muchas horas sin dormir.


Aunque seguía doliendo, por primera vez percibi una completa sensación de alivio en mi adolorido e hinchado pie, lo que me permitió hacer gran parte de esa subida estando tranquilo, solo pensando que avanzaba poco a poco, además de seguir preguntándome cosas acerca de aquella casa que cada vez dejaba mas abajo. Igual que en Champex, me encontraba solo y estuve asi un buen rato mientras pensaba en mi pocision 596 que inminente perdería. Entre 900 y 1100 corredores terminaran, lo sabia basado en la observación de resultados de años anteriores. Después de un buen rato me comenzaron a alcanzar corredores y me pasaban y pasaban, entonces me desespere un poco porque temía que me fuera a quedar mas allá de esos 1100 y que el tiempo no me alcanzara. El hombre del mazo me había dado un duro porrazo en el pie, pero me permitía caminar, el problema ahora era el forfait, que me seguía, pensaba yo, muy de cerca. Había cambiado las maldiciones por un: coño, es que no pego una. Ahora no me van a alcanzar esas 46 horas.


Estuve un buen rato sin preocuparme por el dolor en el pie, pero recuerdo como si fue ayer cuando me detuve a un lado del sendero, como 10 segundos. Apenas cerré los ojos y ya sabia que no podía detenerme por mucho tiempo, y es que no pegaba una, después de batallar con el hombre del mazo, tener el forfait acechando, ahora el sueño no me quería pelar, venia por mi, y muy rápido. Durante tres o cuatro segundos se me bajaron los parpados sin poderlo evitar, eche un camarón y los abrí rápidamente porque se me vino a la memoria una imagen que vi en un video de un corredor durmiendo, encima de una piedra, mientras otros pasaban por un lado, era normal el asunto en cualquier lugar y a cualquier hora del dia, todo es posible en el UTMB.


Los parpados pesaban una tonelada, se me cerraban solos los ojos, me pasaba la mano por la cara, incluso me eche agua, pero estos se me cerraban solos, parado, caminando, no lo podía evitar. Muy pocas veces, más bien nunca, entrene este aspecto de luchar contra el sueño. Comencé una pelea conmigo mismo, coño, me estaba durmiendo si y porque si, caminando o parado. Adicionalmente iba tan lento que podía darme el lujo de cerrar los ojos 4 o 5 segundos sin avanzar mucho y sin peligro de tropezar con algo y caer. Nunca en mi vida me habían dado tantas ganar de dormir.


Quiza envejecí varios años con tantas preocupaciones en mi espalda. No encontraba forma de pelear contra el sueño. No recordé haber pasado por algo igual en Carros de Foc, ni en Le Porte di Pietra, tampoco en la Transgrancanaria. Dios Mio ayúdame, era lo único con lo que podía defenderme, el sueño era algo contra lo que no podía combatir. Si me paraba, el diablo me llevaba. En diez minutos, Dios Mio ayúdame, Dios Mio ayúdame, me dije tantas veces como groserías había dicho hasta ese momento. después de maldecir sin escrúpulos ni contemplaciones un sin numero de ocasiones, ahora buscaba a Dios y pretendía que este me ayudara con mis problemas.


Y el Dios Mio ayúdame lo mantuve entre mis labios mientras subía, subía y subía, en la fría noche, en un monte por donde quiza no pasaría nuevamente. Y mientras hacia eso recordaba a las señoras mayores en la iglesia cuando dicen: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Ciertamente tampoco era que me iba a meter a evangélico, testigo de Jehová o algo por el estilo. En el fondo me inclino más por religiones orientales, budistas o tibetanas. El camino en este trayecto hasta lo que seria el próximo punto de control, que igual desconocía, me permitió caminar sin temor a caerme. La noche dejaba muy poco para ver el paisaje, todo oscuro, el sendero no parecía cambiar, todo parecía igual. Si recuerdo cuando deje de ver el pueblo de Trient, o mas bien sus luces, la pendiente no era muy pronunciada, a lo lejos se veían reflejos de frontales que desaparecían derepende en la distancia y aunque suene trillado, en el horizonte… era que se comenzaba a bajar después de un trayecto amigable casi llegando al punto mas alto de esa montaña, que venia subiendo desde las 2:34 a.m.


Por increíble que parezca, subía mas rápido de lo que podía bajar. Catogne era el próximo punto de control, el km 143, que no sabia para aquel momento, no me importaba, no me interesaba. Ya mi mente había abandonado la disputa por recordar donde quedaba tal o cual lugar en el mapa. Había leído que Catogne era un puesto de control, pero en lo absoluto recordaba su perfil altitudinal y mucho menos la distancia. Algún corredor que paso a mi lado lo oi decir que estaba “cerquita”. En algunas partes, no se si por mi somnoliento estado, el camino estaba cercado con alambres y troncos o listones con cierto grosor, quiza porque eran lugares donde habitaban personas y tenían animales o era otra vaina que me echaba la mente. Por supuesto que ni tenia idea que kilómetro era, que punto en que lugar, lo que hacia era caminar y caminar, procurando no parar como resulto.


En ese caminar y peleando contra el sueño fueron pasando los minutos. En algún momento comencé a bajar y nuevamente me sentí contrariado mientras daba cortos pasos en la noche. ¿No se suponía que venia algún puesto de control antes de comenzar a bajar?, ¿donde esta el fulano puesto de control si ya voy en bajada?. No pensé que estaba perdido porque veía personas delante y detrás pero si pensé que la organización nos estaba jugando una con la ubicación de los puestos de control. Ya bajando a quien sabe donde, el camino se volvió quebrado, daba la sensación de haber pasado por el mismo lugar varias veces, como caminando en círculos, o era yo que tenia tanto sueño y no estaba pendiente del camino. Juraría que había pasado hacia varios minutos por algunos sitios, como regresándome, debía haber algún error, sin embargo y aunque en ocasiones me encontraba solo, me alegraba cuando alguien me alcanzaba porque sabía que el gran pelón lo tenía yo en mi cabeza.


Sorpresa esperada me lleve cuando desde cierta altura pude divisar el puesto de control de Catogne, el km 143. Eran cuatro listones sosteniendo un pedazo de tela a pocos metros de comenzar a bajar, al borde de la montaña. Era mejor estar a la intemperie que estar allí ya que la brisa soplaba frente a la vela, pedazo de tela quiero decir. Ni luz tenia y solo dos personas en el lugar que se veían estaban pasando trabajo con el clima. Pasaron el aparato inalámbrico por mi dorsal para registrar mi tiempo y por supuesto que ni me detuve a saludar. Tampoco decía que era Catogne por ningún sitio aunque me pareció ver un letrero con el numero 143. No me causo gran sorpresa, ya había estado en el decepcionante puesto de Bovine. Poco se podía esperar a 2011 msnm, si con las condiciones del clima apacibles era ya de temer no me quiero imaginar con una lluviecita siendo muy optimistas. Eran las 4:45 de la mañana y poco más de 34 horas de carrera cuando pase por allí.


Cuando menos lo imagine estábamos ingresando nuevamente a un bosque con abundante vegetación, el típico sendero lleno de raíces y de 30 centímetros de ancho. Del lado izquierdo la montaña y del derecho la otra parte de la montaña en bajada. Monte y más monte, arbustos y más arbustos. Incaminable en muchas partes, afortunadamente el dolor en mi pie estaba dormido pero igualmente me desplazaba con mucha lentitud y mucha cautela. El sueño había apaciguado, ilusamente creyó mi subconsciente hasta que me eche el gran susto de mi vida.


Lo primero que pensé: Jesús, estas bien jodido ahora. El dolor en el pie, el forfait acechándome, el sueño convenciéndome y ahora me sale un muerto!!!, no jodas, faltaba mas. Escondido en la vegetación, adelante y a la izquierda, me había parecido ver una persona, con una gran nariz, asomando su cabeza por entre los arbustos. Un gran lunar negrito en la nariz. Su cabeza parecía salir de una ventana formada por ramas, solo la cabeza alcance a ver porque el miedo me impidió dar un paso mas tratando de, no se si ver o dejar de ver, aquella vaina tan fea que me había aparecido. Mi corazón bombeaba mas rápido que cuando hago series cortas de montaña, era el gran cague que tenia. Agarre el frontal y con la mano trate de dirigir la luz a donde había visto aquella vaina. Tres o cuatro veces pase la luz sin ver nada entre los matorrales. Ajuste el nivel de luz del frontal e incluso hasta lo apague a ver que tal. Todo esto sucedió en unos 10 segundos.


Seguí caminando todavía con un alto grado de pulsaciones y las piernas semitemblandome y por supuesto no quitando la vista del monte. Si esto es cierto, nadie me lo va a creer, inmediatamente pensé. No había pasado el susto cuando vi, esta vez a la derecha, nuevamente entre los arbustos, una especie de cuadro y dentro de este algo parecido a un oso de peluche, ese que todos hemos visto alguna vez, de cuerpo entero. Supe de inmediato que estaba alucinando sin quererlo o poderlo evitar. Esta vez casi me cago pero de la risa, no podía creer que estaba alucinando estando despierto y consciente de ello. Nunca me había pasado, sin embargo recordé leer una crónica donde una corredora narro que cuando vio, o se imagino, unos pingüinos patinando en un lago congelado supo de inmediato que se estaba quedando dormida. Lo mismo me sucedía, era tanta la fuerza que estaba empleando en no dormirme que el cuerpo mismo, el subconsciente o quien sabe que, estaba tomando caminos alternos para salirse con la suya. Me estaba durmiendo con los ojos abiertos.


Después de eso, y por algunos minutos, desfilaron por ante mis ojos varios osos de peluche, de diferentes tipos y formas, varios enanos horripilantes, en cuadros, de cuerpo entero, sentados, de pie, riendo, serios, algunos floreros también pude ver y en estos flores como margaritas y rosas. Incluso personas. La imaginación, la luz tenue y blanca del frontal, la noche, los arbustos, árboles, sus ramas y hojas, el movimiento de todo, conspiraba para ver cualquier cosa en el camino. Coño, ¿que es aquello que veo allá?, una pelota de fútbol, bueno, ok, y seguía caminando, interesante, veamos que me aparece mas adelante.


Pude joder al sueño, o el mismo se jodio. Ahora iba caminando pendiente de que otra cosa podía ver en el camino y asi entretenerme en algo. Hoy recuerdo ese momento como si de verdad hubiese visto un muerto o algo sobrenatural. Yo que soy muy escéptico con algunas cosas, entre las cuales la alucinación era una de ellas, me pareció una experiencia increíble experimentar este fenómeno y poder decir que fue sin poderlo evitar y de manera muy consciente .


El dia fue aclarando y con ello desapareciendo mis visiones extrasensoriales. Tuve una sensación de haberme “levantado” como a las 6 de la mañana, es decir, como si hubiese dormido en la noche. Vallorcine, a 1260 msnm el km. 148 era el próximo puesto de control. Una vez Marco Olmo abandono en dicho puesto de control por una ciática, es decir, no había que cantar victoria o como dicen en mi pueblo, contar los pollos antes de nacer. Supe que venia Vallorcine porque me alcanzo un corredor que había conocido cuando estaba comiendo la pasta que daba la organización en el momento que se entregaba la bolsa para Courmayeur, a dos horas de la partida en Chamonix. En dicho comedor y junto a el, me tome un par de fotos y quede en mandárselas por email. Casualmente venia también lesionado de la rodilla y caminamos un buen rato casi al mismo paso. Un tanto empinada esa bajada a Vallorcine, a través del bosque, frecuente ver raíces, no era fácil el camino. ¿te acuerdas de mi?, me pregunto, yo crei recordarlo aunque con cierta confusión después de un rato caí en cuenta de quien era.


Este amigo estaba, tanto o más, confundido que yo. Según, le habían dicho que Vallorcine era la meta, a lo que nos preguntamos si la organización había reducido la distancia quien sabe por cual razón, que dilema había sembrado. Su teoría, o chisme, tomaba gran forma porque ciertamente bajábamos hacia lo que yo sabia era Chamonix, desde la montaña se podía ver dicho pueblo. Lo recordé porque cuando cruzamos el túnel trasalpino en vehiculo, Chamonix estaba a la vuelta de la esquina. Recuerdo las montañas y eran las mismas que veía desde donde estábamos bajando a Vallorcine. Casi me convenció este amigo, ¿será que estamos bajando a Chamonix?. Afortunadamente soy de los que son “ver para creer” porque las cuentas no cuadraban, íbamos camino al km 148 y la carrera son 167, una simple operación aritmética que por muy mamao que viniera, con sueño, dolor, preocupación, no me impedían restar como debe ser. Este tío esta pelao, aunque di el beneficio de la duda, por si las moscas.


Sonó el teléfono del amigo, su novia lo llamaba, y seguí caminando pues pensé que tarde o temprano me alcanzaría nuevamente, lo que sucedió al cabo de un rato, pagándome el con la misma moneda porsupuesto. Desde cierta altura se podían ver algunas calles del pueblo, en Vallorcine, aunque no el puesto de avituallamiento. Se podía ver el lugar donde justamente se dejaba la montaña y se empezaba a caminar por una calle. Finalmente y confundido, deje por fin la montaña y por primera vez desde hacia varias horas pise una calle de cemento no sin antes “botar” o dejar en la montaña un bastón improvisado, que no era mas que un pedazo de palo que me servia de bastón y me ayudo a caminar gran parte de la noche, en otras palabras, mi tercer pierna en esos momentos. También lo llevaba por si las moscas salía “algo” para atacarme en la selva. Asi, siguiendo las señales del UTMB, caminar algunos metros en el cemento, cruzar un par de calles, bajar y después cruzar la vía de un ferrocarril, tenía al frente a la gran carpa de Vallorcine, una comuna francesa de menos de 500 habitantes.


Eran las 7 de la mañana, entre cojeando al puesto de control, di una vueltecita, vi gente en el lugar, de lo mas cómoda, nada parecido a lo anterior en otros puestos de control. Era la hora del “desayuno” y gente sentada en las mesas. Solo llene el cooler de agua, agarre una pequeña barra de chocolate y salí porque pensé que la meta estaba bastante cerca. Solo estuve allí cerca de 8 minutos que invertí conversando con el amigo que me había dejado en la montaña y vi en su cara contrariedad al enterarse que faltaban nada más y nada menos que 20 km para la meta, como me lo hizo saber con algo de decepción. Le indique que seguiría de una vez y asi fue. Al principio me espero un camino bastante plano aledaño a un rió a la derecha y a la izquierda una calle o vía del pueblo, la cual se encontraba cercada. El rió se veía blanco, pasaba a un lado del camino y se podía escuchar su caudal. Luego y por detrás de una casa salíamos de allí para agarrar otro camino, similar al anterior pero al otro extremo de la vía. Este si con algo de inclinación pero nada agobiante, tanto asi que por ser tan amigable me estaba dando sueño nuevamente. Me detuve a orilla de un pequeño riachuelo que atravesaba el camino, me eche agua fría en la cara y seguí. después de salir del camino y cruzar una vía transitada por vehículos en el pueblo, se comenzaba a subir hacia una gran montaña que tenia al frente, realmente alta, por lo menos 1000 metros de desnivel positivo me esperaban. Era el último desnivel considerable de la carrera. Se podían ver filas indias de corredores subiéndola, por allí era el camino. Afortunadamente y aunque era de dia, el sol dormía para el momento. Comencé a subir con algo de animo, subiendo podía afincar el pie de tal manera que no me dolía tanto. Me sentí bastante cómodo en esa subida a pesar de mi condición, incluso hasta pase algunas personas.


Poco a poco cubría el desnivel de la gran montaña en dirección a lo que llamaban La Tete Aux Vents, el km. 155 a 2130 msnm, que no era mas que una formación rocosa de mediano tamaño, hecho por manos humanas, en otras palabras, una gran señal o hito, compuestos de innumerables piedras colocadas una encima de otra formando algo parecido a una torre o pirámide y encima de esta una gran cruz, eso era todo el asunto. Dicha escultura, por llamarla de alguna manera, se encontraba justo en el punto mas alto y justo allí se comenzaba a bajar. Aunque se me hizo corta la subida, invertí en 3 largas horas en llegar. Recuerdo haberme parado en ese lugar a quitarme por fin las chaquetas que tenía puestas y me dispuse a arreglarlas en el bolso, tenía calor. Mientras hacia eso vi una gran cabra montes y también una gran cantidad de corredores delante y detrás de mí. ¿de donde salio tanta gente?, me pregunte.


Recuerdo que un corredor me pidió que con su cámara le tomara una foto alrededor del paisaje montañoso al fondo, lo cual hice un par de veces. Entonces, después que registraron con el aparato inalámbrico el tiempo de mi dorsal, comencé a bajar de esa gran montaña. Vi con bastante impotencia como la mayoría de los corredores se lanzaban por esa bajada y yo a duras penas podía caminar, subía con algo de comodidad pero bajando era todo lo contrario mas la ñapa. Y aguantando mi impotencia seguía viendo como me pasaban y pasaban corredores como flechas humanas, que envidia me daba, pero allí iba yo bajando de esa montaña a mi paso, a paso seguro. Un par de corredores españoles me vieron cojeando, me animaron, ¡vamos hostias si que tienes cojones!. Estuvieron conmigo un rato. Uno de ellos, llamado por el mismo Pep en un famoso foro español (www.elatleta.com) me dijo que si tuviera icecold (hielo en aerosol) me lo darías, pero lo había gastado. Cuando otro corredor paso por nuestro lado y en su bolso se asomaba una de esas botellas, Pep le invito a que se la diera para rociarlo en mi pie. Asi fue. El corredor se detuvo y Pep vació lo poco que quedaba de la botella en mi adolorido tobillo inmensamente hinchado, lo que me calmo un poco el dolor.


Conversando con Pep estuve cerca de 5 km, poco más de una hora. El iba en equipo con otra persona, de poco hablar, y que iba con su rodilla en mal estado, tanto como para ir a mi precario pasó y no querían inventar nada de ir más rápido por los momentos. Asi, casi echando cuentos, después de salvar una pequeña subida donde me tomaron un par de fotos, llegamos a La Flegere, el km 159. Igualmente una carpa. Se podía ver gran parte del pueblo de Chamonix aunque estábamos a 1877 msnm. En este punto ya había cubierto 9404 metros de desnivel positivo, es decir, ya había subido, y bajado en gran parte, ese edificio de mas de 9km.


Eran poco mas de las 11 de la mañana y llevaba 40 horas con 30 minutos y, con mi carácter competitivo defendiéndolo hasta el final, pensé en la idea que podía estar debajo de las 41 horas, asi fuere 40 horas con 59 minutos, porque lo que quedaban era, aparentemente, 5 km para la meta, es decir, para el pueblo de Chamonix. Incluso algunas personas asi lo decían. Era una zona visitada por muchos excursionistas, estaba integrándome a la civilización nuevamente. No recuerdo que tome en este ultimo puesto de control donde estuve un par de minutos. Me despedí de Pep y su acompañante porque me dijeron que “echarían el resto” y comencé la última bajada. Me detuve pocos metros después porque escuche un extraño sonido, era el teléfono que tenia una eternidad sin escuchar y el primo José D Onofrio llamándome para preguntar donde estaba. Le conteste diciéndole que estaba a 5km de la meta y que “solamente” 5 km me separaban de ellos. Se alegraron y dijeron que me esperarían.


Y bajaba, bajaba y bajaba por un sendero de tierra, casi siempre con vista al pueblo de Chamonix. Y me pasaban, pasaban y pasaban corredores. Recordé pasar por un restaurante que salía en un video. Muchos excursionistas me decían que estaba “cerquita”, pero yo caminaba y caminaba y nada que terminaba de bajar. Me desespere un poco y asi lo debió notar un francés que me ofreció sus bastones para que pudiera caminar mejor. Los acepte por el gesto de amabilidad pero en realidad me resultaba mas incomodo. Nuevamente sonó el teléfono, era José, y seguramente me escucho desesperado por llegar.


El sendero se convirtió en un camino 4x4, llano y poco inclinado y después de ir en línea recta un buen rato pude ver a José al final del camino. Finalmente pisaba una calle del pueblo de Chamonix. No recuerdo que le dije, que me había dado una tendinitis, creo, le medio mostré el pie. El llevaba la bandera de Venezuela. Me felicito. Le pregunte si había visto a unos españoles llegar, con quienes había compartido horas antes, me dijo que si le habían hablado de mi.


El amigo Félix Rojas y su esposa Maydelane Ceballos estaban más adelantico de José. También me felicitaron efusivamente, estaban esperándome, tomaron fotos, filmaron un largo video, mientras iba conversando con ellos por las abarrotadas calles de Chamonix, intercambiando algunas sensaciones y momentos de la carrera. Igualmente Jesús Zerpa, el otro venezolano en participar y quien había hecho cerca de 28 horas y llegado en el puesto 46, estaba a un lado de una de las calles, igualmente me felicito. Mas adelante mi esposa e hijo Ian me esperaban, mientras Luisana, la prima segunda, hija de José y Anita filmaba todo cuanto pasaba. Asi, en compañía de mi esposa y mi hijo ian y tomando la bandera de Venezuela entre los dos, nos fuimos acercando a la meta ante las felicitaciones de muchas personas en las calles, aplaudían, vamos que se alegraban que llegara una persona mas.


Poco antes de llegar al arco de llegada también me saludo y felicito Luís Recuenco, a quien conocía por medio de los Blogs. Vamos, que amable este tío, que aun sin conocerme se integro a todo este equipo de personas que esperaban ansiosamente mi llegada. Aunque solo lo había visto en fotos, apenas al verlo supe que era el por sus tamaños gestos de emoción, como si me conociera de toda la vida.


La alegría de llegar no conoce de posición ni tiempo, tampoco de dolor en el pie. Vas caminando con la mente en blanco, habiendo olvidado todo lo malo, lo bueno también, parece mentira que se este allí, culminando una aventura que se inicio hacia poco mas de un año. Lo ves todo y a la vez no ves nada. Te preguntas porque ha pasado el tiempo tan rápido, ya no recuerdas las noches, ya no recuerdas los días, ya no recuerdas los caminos por los que transitastes. Todo parece formar parte de una película que vistes, no estas seguro si la viviste. Las personas te ven, estas a punto de ser un finisher, de lograrlo, has recorrido 167 kilómetros con tus propias piernas, has pasado frió, has llorado, has reído, has subido y bajado decenas de veces. Te preguntas como tu cuerpo ha podido aguantar límites insospechados por todos, no hay nada que te prepare para una carrera similar, sin embargo lo paradójico parece ser razonable, se ha impuesto la fuerza más poderosa de todas, la voluntad. Han valido la pena todos los entrenamientos, todo el sufrimiento desde aquel 2 de junio de 2008. Ha valido la pena pararse de madrugada a correr 30, 40 o 50 kilómetros en el avila. Ha valido la pena sacar el cuerpo a carreras de locales, también a reuniones sociales. A decir, no puedo ir con ustedes porque tengo un compromiso que cumplir. Ha valido la pena ir a trabajar adolorido y volver a ir a trabajar adolorido una y otra vez. Ha valido la pena invertir una cantidad de dinero considerable para cumplir este sueño, una gran meta deportiva. Allí estaba, tan contento como perplejo sin siquiera tiempo de asimilar el momento. Las lagrimas en standbye porque no crees lo que estas a punto de lograr. A miles de kilómetros de donde vives pareces estar viviendo un sueño, por fin podrás decir: fui, vi y vencí.


A pesar de la gran algarabía escuchas que hay un gran silencio dentro de ti, el corazón se acelera, nadie se da cuenta, solo tu estas consciente que te has podido sobreponer a todos esos momentos duros y das gracias a Dios por no haberte abandonado, solo el sabe por lo que realmente has pasado. Sigues caminando a la meta, te crees invencible, eres tu y el traje de ironman dentro de ti, si eres capaz de esto no hay nada en el mundo que te detenga, ya no hay meta que no puedas concretar. Lo ilógico se antepuso, no veía como podía recorrer 167 km, la respuesta estaba ante mis ojos, pues intentándolo.!


Y mientras todos estos pensamientos pasaban por mi cabeza, cruzaba la meta con mi esposa, dos hijos y la bandera de venezuela, tras 43 horas con 2 minutos aquel 30 de agosto del año 2009.


8 comentarios:

Luis Recuenco dijo...

Enhorabuena otra vez. Esos momentos quedan en el disco duro para toda la vida.

Es increible el poder de internet. Yo te encontre tal como exactamente me imaginaba que eras. Recuerdo como si fuera ahora mismo que tuve a uno de tus hijos en brazo un buen rato.

Me ha gustado mucho la frase. Acertadisima.

Un abrazo compadre.

Irene dijo...

Enhorabuena Jesus!! Te he encontrado de casualidad como siempre sucede con estas cosas, buscando crónicas de gente que haya hecho la locura que voy a intentar yo este año, y me has tenido en vilo un mes esperando el final!! Impresionante crónica!!

Jesus Hulett dijo...

Luis, Compadre!, he tenido la gran suerte de conocer excelentes y maravillosas personas, eres tu una de ellas, aun no hemos planificado viajar a europa este año pero puedes tener la certeza que cuando lo haga pasare por barcelona unica y exclusivamente a saludarte (y cobrarte la comida que me prometistes, jaja) un gran saludo.

Irene, he visitado tu blog con anterioridad, el amigo Felix te tiene agregada, lo hare ahora yo. Gracias por tu comentario, me alegra enormemente que te haya gustado la cronica, espero te sea de gran ayuda en tu camino al UTMB, lo lograras!, seguro que si!

michael dijo...

"…Están los que usan siempre la misma ropa.
Están los que llevan amuletos.
Los que hacen promesas.
Los que imploran mirando al cielo.
Los que creen en supersticiones.

Y están los que siguen corriendo cuando le tiemblan las piernas.
Los que siguen nadando cuando se acaba el aire.
Los que siguen luchando cuando todo parece perdido.

Cómo si cada vez fuese la última vez.
Convencidos de que la vida misma es un desafío. Sufren pero no se quejan.
Porque saben que el dolor pasa.
El sudor se seca.
El cansancio termina.

Pero hay algo que nunca desaparecerá:
La satisfacción de haberlo logrado.
En sus cuerpos hay la misma cantidad de músculos. En sus venas corre la misma cantidad de sangre.
Lo que los hace diferentes es su espíritu.
La determinación de alcanzar la cima.
Una cima a la que no se llega superando a los demás.
SINO SUPERANDOSE UNO MISMO…”

Felicitaciones nuevamente Jesus.

mayayo dijo...

¡Enhorabuena una vez mas, Jesus!

Esos "5km" finales son quizás la cuesta abajo mas larga de una vida, verdad? :-)
Y tambien has culminado el proyecto literario...que te ha costado lo suyo pana.

Ahora, a ver si Dios nuestro señor y Cadivi hacen porque puedas ir al Cromagnon u otro reto alternativo.

Yo, contando estoy las horas para la Transcanaria, a ver si es como Felix y tu la contasteis ;-)

Gersi Tarazona dijo...

Gran reseña de un impresionante reto y de un muy merecido logro. Felicitaciones pana,lo mejor para ti y tu familia

easg dijo...

¡Haleee!!! Jesus.Leyendo es como que lo viviera en carne propia.Se que hago bien en no parar cuando hay elementos ajenos y extermos que tratan que lo hagas .Debemos tener nuestras propias metas y dar los pasos para lograrlas.Gracias.

Valentin dijo...

Enhorabuena Jesús, acabamos cuatro minutos antes que tú, recuerdo haberte visto cojeando en la bajada de Tete aux Vents y te animé por el coraje que suponía seguir en esas condiciones.

Mi compañero sufrio un percance en la rodilla y desde Catogne sufrio muchísimo, también fue un final agónico para él. La bajada de Tete aux Vents no resulto terrible.

Magnífico resumen para describir lo que sólo se puede sentir.

Un abrazo, Valentín